Este fin de semana fui voluntario en el rastrillo anual que se hace para ayudar a la fundación San Patricio en Turkana, donde hay un colegio para las niñas que viven ahí. Yo estuve en dos puestos distintos, el primero fue en ropa de bebé donde pudimos vender muchas prendas, y el segundo puesto en el que estuve, fue en uno en el que ayudé a unos amigos a vender postres como unos dulces de hojaldre con sabor a naranja y vinos, en este puesto logramos vender casi todo los duces, pero si vendimos todo el vino. también compré cosas para contribuir de forma más directa. Me sentí bien después porque pude ayudar a una buena causa con mis amigos.
Al terminar el rastrillo me di cuenta de que el esfuerzo que había hecho ese día serviría para ayudar a otras personas, lo cual lo hace más especial al realizarlo.
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